Sucede que Julia era hija de una familia de alta burguesía y, con excepción de aquella visión fortuita dentro de la iglesia, Prešeren nunca mas consiguió aproximarse a ella. Pero aquel encuentro inspiró sus mejores versos y creó la leyenda en torno a su nombre. En la pequeña plaza central de Ljubljana, la estatua del poeta mantiene sus ojos fijos en una dirección: quien siga su mirada descubrirá, al otro lado de la plaza, un rostro de mujer esculpido en la pared de una de las casas. Era allí donde vivía Julia; Prešeren, aun después de muerto, contempla a su amor imposible.
¿Y si hubiera luchado más?

No hay comentarios:
Publicar un comentario