viernes, 27 de noviembre de 2009

Nunca nada es suficiente

A los treinta y cuatro años él había entrado una vez en una iglesia donde había visto a una muchacha adolescente, Julia Primic, de la cual se había enamorado perdidamente. Como los antiguos juglares, empezó a escribirle poemas, con la esperanza de casarse con ella.
Sucede que Julia era hija de una familia de alta burguesía y, con excepción de aquella visión fortuita dentro de la iglesia, Prešeren nunca mas consiguió aproximarse a ella. Pero aquel encuentro inspiró sus mejores versos y creó la leyenda en torno a su nombre. En la pequeña plaza central de Ljubljana, la estatua del poeta mantiene sus ojos fijos en una dirección: quien siga su mirada descubrirá, al otro lado de la plaza, un rostro de mujer esculpido en la pared de una de las casas. Era allí donde vivía Julia; Prešeren, aun después de muerto, contempla a su amor imposible.

¿Y si hubiera luchado más?


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